dfm | reseña por nilo casares | originalmente publicada en ubicarte
Ibizagrafic'04. XVIII Bienal de Ibiza. Museu d'Art Contemporani de Eivissa (MAC). Hasta finales de enero de 2005.
La Bienal de Ibiza se viene celebrando desde el año 1964 y se constituyó con anterioridad a la existencia del Museo de Arte Contemporáneo que hoy la acoge en su decimoctava edición; una Bienal que desde muy pronto tuvo una clara vocación de acercamiento al público al decantarse por las técnicas de seriación que en el año 1972 eran más comunes, la obra gráfica en todas sus variantes, desde entonces recogidas por esta Bienal bajo el nombre de Ibizagrafic. Este reconocimiento hacia las técnicas de seriación dio un giro importante a partir de la pasada edición, la decimoséptima del año 2002, cuando se empezó a gestar el vuelco hacia la representación digital que la presente edición ha confirmado.
Cuando los fundadores de la Bienal decidieron decantarse en exclusiva por la obra gráfica, lo hicieron por su facultad de acercamiento al público, por su fácil reproducción y módico precio, dos proximidades que le conferían un enorme atractivo cuando se intenta difundir el arte contemporáneo menos elitista; sin embargo la obra gráfica ha visto desbordada su peculiaridad por la irrupción del nuevo orden digital de cosas en que desaparecen los conceptos mismos de original y copia al permitir las series binarias la presencia idéntica de múltiples objetos de los que resulta indiscernible su rango con respecto a su estado inicial. Si en la obra gráfica al uso vemos cómo se valoran más las copias tiradas en primer lugar (salvo tal vez en los casos de la serigrafía y la fotografía, si se me permite introducir a esta última dentro de la gráfica), en el ámbito digital vemos cómo esto sólo se ve limitado, en el caso del vídeo por ejemplo, por las servidumbre comercial que obliga a los autores a reducir el tiraje de la obra (como también ocurre con la fotografía al uso) para mantener un precio que el cliente no comprendería en una edición ilimitada, pero fuera de esta razón estructural nada hace diferente una obra de otra al desaparecer la generación de copias desde una matriz inicial. Si esto sucede con el vídeo, con obras cuya realidad es el ambiente web, vemos cómo en ellas incluso el impedimento comercial desaparece (salvo en contados casos que no voy a referir ahora pero que pueden tener como ejemplo las obras de Mark Napier desarrolladas para la Bitforms Gallery, Waiting Room y Tower, sujetas a la misma presión mercantil que el vídeo o la fotografía al uso), excepto contados casos, las obras del ámbito web gozan de una despreocupación por el dilema original o copia y cercanía al ciudadano que las frecuente indiscutibles, constituyéndose en consecuencia final de la utopía de un arte próximo a la ciudadanía que movía inicialmente a la estampación.
En la edición actual de la Bienal de Ibiza, Ibizagrafic'04, se puede comprender este giro y este estado de la cuestión observando la relación de premios y obras presentadas. De un total de ciento veintiséis participantes registrados, la proporción entre al antiguo régimen y el nuevo fue de sesenta y siete a cincuenta y nueve, todavía en favor de la obra gráfica tradicional, como también sigue siendo mayor la representación de artistas seleccionados para la exposición que trata de dar una idea de las obras participantes en el concurso, pues de los diecinueve artistas seleccionados sólo seis pertenecen al territorio digital, aunque, y esto resulta indicativo del interés que tienen los organizadores de la Bienal por las nuevas tecnologías, de entre los premiados y mencionados sólo uno, la segunda mención honorífica, representa la tradición, Julio León Aguilera, el resto supuso un reconocimiento de los nuevos medios.
Recibió el primer premio el vídeo Vacas de Gabriela Golder, una obra que, dentro de la discusión actual entre el vídeo documental y de ficción -polémica que ya vivió el cine y que ahora vuelve tras el éxito cosechado por algunos documentales cinematográficos, discusión estéril en la que no voy a entrar porque la separación entre ficción y realidad no pudo ser salvada ni por el empeño de los mejores naturalistas- sin embargo en estos momentos está agotando ambas formas de imagen en movimiento. Desde esa indefinición entre qué es documental y qué ficción, la autora se apropia de unas imágenes televisadas al mundo entero que mostraban a vecinos de una población argentina, en el momento álgido de la crisis económica que están sufriendo, asaltando y troceando (carnear en afortunada expresión argentina) las vacas arrojadas a la carretera tras volcar el camión que las transportaba. Esta imagen, sometida al tratamiento que las técnicas digitales permiten, se transforma, por reiteración y manipulación temporal, cromática y sonora, en una pieza de difícil banalización.
El segundo premio también fue a parar a apropiacionistas, Iván y Natalia Monroy, quienes conjugan los postulados de la deriva situacionista y las técnicas del bootleg, una forma de difusión ilegal o pirata si prefiere el lector, que no pide derechos de autor ni reproducción pero tampoco los reconoce, gracias a las facilidades que las técnicas digitales ofrecen para la manipulación sonora -en esto también existen contraejemplos como sería el dúo belga 2 Many DJS, también conocidos como Soulwax, tal vez los representantes más conocidos de este género-. Funden los referidos principios de la deriva situacionista y el bootleg, que vendría a ser otra continuación del apropiacionismo situacionista, ofreciéndonos el mapa sonoro de cuatro calles del Distrito Federal mexicano de las que nos podemos descargar su contenido para confeccionar nosotros mismos un epé (extended play) para el que también nos proporcionan su encarte en documento pdf (otro formato no privativo, como tampoco lo es el que utilizan para la reproducción sonora, el ogg en lugar del popular mp3). La pieza, cuyo título es dfm e.p. está ahora expuesta en el Museo de Arte Contemporáneo de Ibiza, y puede ser visitada por cualquiera en http://textzi.net/dfm gracias a las virtudes del net.art.
El tercer premio lo recibió la obra de software.art (una de las formas de net.art que escapa al concepto mismo de red para imbricarse en el más complejo ámbito del arte del código o code.art) Global Economy, de Marcello Mercado, que en sus escasos 34 Kb de html desbroza de forma meridiana el estado de la inet cuando uno busca cualquier información, también cuando busca la capital información económica en este mercado interconectado y globalizado, pues su pequeña pieza ofrece una perfecta metáfora de lo que supone no encontrar otra información que el puro bla, bla, bla y una sucesión de enlaces muertos que no conducen a nada, como la misma navegación por la caótica inet que de nada nos informa, y como el mismo estado de la economía mundial que tampoco parece tener las ideas muy claras. Esta obra no es visitable en la inet porque es un simple documento html residente en el disco duro, como cualquiera de los documentos que uno mismo tiene en su ordenador, con la peculiaridad de que cambia según el visor de html que empleemos, como era de esperar, y dado el estado de globalización monopolística, como mejor se aprecia la obra es con el navegador que las máquinas de raza pecé traen por defecto.
La primera mención de honor supuso la distinción de la videocreación: Electric Mandala 807, de Ran Ancor, una animación abstracta de movimientos circulares que evocan los inicios del cine experimental norteamericano en los años veinte del novecientos, aunque acompañada de una banda sonora, entonces imposible, de fuerte componente tecno en no sé cuál de sus vertientes porque ahí, debo reconocerlo, me pierdo con enorme facilidad, pero dota al conjunto de un inspirado hipnotismo que probablemente le hayan reportado su reconocimiento con esta mención de honor.